Voy a empezar diciendo que no soy creyente, por lo que unido a eso les voy a contar algo que suelo repetir cada nochebuena desde hace 9 años.
Vivo con una perrita, Lena, de cuatro patas (no a 4 patas) con la que suelo aprovechar para salir antes de la cena de todos los años. Salgo en los momentos previos a la cena, cuando las calles se van quedando desiertas, iluminadas por las bombillas o neones con formas de campanas o estrellas.
Las calles vacías, el frío característico de la época y Lena y yo deambulando. Se escuchan las risas de algunas casas, los voceríos de otras; alzo la mirada y veo casas muy ornamentadas, otras no tanto y otras con una persiana a medio bajar (o subir) y una tenue luz que asoma a través.
Y son esos los minutos en los que valoro ese instante y lo que viene después.
Empiezo a pensar en los condicionantes que rodean estos días...
El fomento de fiestas familiares, todo en familia, felicidad en familia, es lo cool, chick o como quieran llamarlo. Todo volcado a vivirlo rodeado de padres, herman@s, hij@s o niet@s... y miro esa tenue luz que asoma tras una contraventana semicerrada, y me pregunto si esa persona estará sola por propia decisión o estará llorando porque esta sociedad le recuerda lo sola que está. Miro, a las ventanas ruidosas, iluminadas, con sombras de cabezas que se mueven de aquí para allá, y entonces me pregunto si esas personas se sienten acompañadas realmente...
Aún siguen los escaparates de las tiendas a toda luz, perfumes, juguetes, joyas y demás. La carnicería con los dos únicos corderos que les han quedado colgando del pincho, comer, comprar, comer, comprar... puro consumismo. 15 días después llegan las rebajas, bajan los precios de las comilonas que nos damos. Pero qué sería de nosotr@s si no nos dejamos llevar por ese torbellino consumista... quizás... ¿no serían navidades?
La vuelta se va terminando, enfilo para casa deseando que se haya comprado el cava que tanto me gusta, tanto realismo me está turbando... o ¿será que yo también me he sumergido en toda esta hipocresia?
En fin,
feliz falsedad a todos
(P.D.: mis disculpas a las sensibilidades que quizás pueda haber herido, simplemente es mi punto de vista. Envidio a quien aún mantiene el brillo de la ilusión en estas fechas)
me has recordado hace... 10 años o asi cuando recorria yo solita por las desiertas calles de donosti mientras la gente "normal" se reunia a cenar en manada y yo iba buscando los bares abiertos y pasaba esas noches familiares con los 4 borrachos ke kedaban en la calle... luego todos los niñatos empezaron a hacer lo mismo y perdio el encanto de salir a beber a solas en los escasos bares abiertos sin lucecitas, espumillones, serpentinas y demas subnormalidades, solo alcohol y soledad.
ResponderEliminarcomo echo de menos esa epoca :(